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martes 21 de abril de 2009


Sensaciones exploradoras. Ellas se dan el lujo de caer, como quien salta en paracaídas, sin previo aviso y se encuentran recorriendo el terreno que le muestra sus pasos, ellas son valientes, no se fijan en días ni horarios, simplemente se desplazan llevando en su andar la seguridad de quien siente que no hay obstáculo imposible por sortear, cuando la predisposición es caminar lo que haya que caminar, sentir lo que haya que sentir, sin cargar con ese objetivo previamente acordado de encontrar vaya uno a saber que, dejando muchos mas en el camino por descubrir.
Nunca hay que creer que se conoce a la perfección el bosque que exploran las sensaciones, la naturaleza esta en cambio constante, al igual que la percepción, las ganas, la confianza; el paisaje nunca es el mismo, siempre algo nuevo por encontrar y en distinto lugar.
Y como digo bosque podría decir cuerpo, siempre en constante recepción de estímulos. El viento que lleva las hojas de acá para allá, o la caricia que te corre el pelo para poder mirar a los ojos, el calor que invita a nacer a cada pimpollo, o el calor que te regala la compañía que hacen nacer las ganas. Y esas tormentas generosas en relámpagos que no hacen mas, que sacudir el paisaje, desacomodándolo por completo, haciendo que mañana ese bosque sea distinto. Menos mal que el amor es todo terreno.

Nunca sentiste relámpagos en el cuerpo?

1 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Muy hermoso tu texto, la sensaciones exploratorias de la vida. en el cuerpo mismo de la vida.. precioso..

saludos fraternos con mucho cariño
un abrazo inmenso

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