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viernes 17 de abril de 2009


De repente se encontró sentada en ese inmenso sillón que dejaba en evidencia a la soledad, volcando los minutos en aquella pagina olvidada del libro de turno, por medio del cual intentaba callar esas ganas que le rondaban la cabeza, esas que hacían de sus habituales movimientos suaves, acciones cargadas de impaciencia.
Continuaba leyendo intentando que su libro de bebiera de un solo trago su atención, queriendo inventar una armoniosa atmósfera, entre sahumerios y melodías; utópica realidad que solo duro unos pocos minutos, le sobraban los dedos de las manos para contarlos.
Eran ellos, sus pies delatores, aliados de esa ansiedad que la invadía, que se movían a un ritmo un tanto acelerado y no precisamente acompañando el compás de su canción favorita que había empezado a sonar, sino que arrastraban un deslizar mas bien parecido al sonar de su teléfono, que aun sabiendo que era demasiado tarde, no perdía esperanza de escuchar.

4 comentarios:

yo dijo...

al teléfono le sobra voz y le falta cuerpo

JADE dijo...

MARAVILLOSO!!! HOY NO ANDO CON MUCHAS GANAS... PERDON... UN BESITO!!!

Adolfo Payés dijo...

Excelente.

siempre es un placer leerte.

saludos fraternos
un abrazo inmenso con cariño.

HUMO dijo...

Como duele la soleda cuando socava...
precioso!

=) HUMO

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